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En edificación, la capilaridad es un fenómeno físico en virtud del cual el agua contenida en el subsuelo asciende a a lo largo de las paredes empapando el muro tanto longitudinalmente como transversalmente. Básicamente es el fenómeno que ocurre cuando introducimos parcialmente un terrón de azúcar en el café sosteniéndolo entre los dedos: observaremos que el líquido asciende a lo largo del terrón.
La humedad capilar se da normalmente en muros donde el aislamiento constructivo es deficiente o inexistente. Así, la humedad contenida en el subsuelo asciende a través de los materiales porosos de suelos y paredes mediante un efecto físico denominado capilaridad.
Esta humedad se sitúa dentro de las paredes pudiendo alcanzar alturas de hasta 2 metros. Esta humedad tiende a evaporarse en la superficie de la pared causando eflorescencias en forma de salitres que pueden llegar a cristalizar.
Las subidas capilares de humedad representan una migración natural del agua contenida en el suelo que va ganando, poco a poco los niveles más bajos de los muros. Estas subidas, cuando no son tratadas adecuadamente, son extremadamente destructivas: enfoscados que se caen o se despegan de su soporte, rodapiés que se van soltando de la pared, papeles pintados que están permanentemente mojados, los mohos empiezan a hacer presencia.